Revaloricemos el gris

En esta vida hay ganadores y perdedores. Algunas personas saben cómo montarse la fiesta y, en ocasiones, hasta se quedan atrapados en la pista de baile. De los que lo apuestan todo al negro, y juegan a la ruleta rusa sin miedo. Luego están esas otras personas  que son como, “Es sábado por la noche y no sé qué hacer”. Aquellos que temen ensuciarse las manos, los que son políticamente correctos. Los que ondean una bandera blanca allá donde van. Siempre hay que elegir un bando, ¿verdad?

blanco o negro

A la mierda esta afirmación. ¿Por qué siempre es todo blanco o negro? ¿Por qué debemos elegir una cosa u otra, como si el hecho de no posicionarse en un bando nos hiciera tener menos personalidad? “Dámelo todo o no me des nada”. Pues no. Daré lo que quiera, cuando quiera y al ritmo que quiera. Revaloricemos los grises.

No todo es ser de derechas o de izquierdas, de playa o montaña, de follar la primera noche o prometer amor eterno en la segunda cita. Si algo he aprendido es que hay momentos en la vida para ser gris, y que ello no me hace menos valiente. Que la primera copa no tiene que ir seguida de otras 5 y que fumar un par de cigarrillos al día no me hace adicta. Que quererte y no querer estar contigo no tiene que ver con que no sepa lo que quiero. Sé lo que quiero, y también lo que no, pero a veces ambas cosas están en polos opuestos. Basta ya de lo de cabeza o corazón. Blanco o negro. Bendito sea el gris.

Basta del dualismo idiota que conforma nuestro pensamiento, basta del bien y del mal, de la felicidad y la tristeza. ¿Acaso soy la única que ve que la línea entre esos opuestos es tan fina que nunca se sabe cuando se está traspasando? Vamos, basta de etiquetas absurdas. Que lo que va de acierto a error sea sólo una experiencia más. Que entre la verdad y la falacia sólo quepa la opinión personal. Que entre la noche y el día siempre haya una vela que se enciende, o una cortina que se cierra. Y que entre el amor y el odio siempre esté la pasión.

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Revaloricemos el gris, porque las personas perfectas no existen. Equivoquémonos, rectifiquemos mil y una veces, miremos atrás y adelante siempre que nos de la real gana. Porque sí, porque somos complejos. No todo cabe en un sí o un no. Divirtámonos, lloremos, pasemos las noches y los días con una botella como única compañía. Enamorémonos, enfadémonos, reconciliémonos bajo la luz de la luna, en plena tarde. Apostemos todo al 1 y perdamos mil y una veces. Dejemos el trabajo que no nos hace felices y compremos esa chaqueta tan cara para luego acabar vendiéndola en Ebay. Tomemos las decisiones que nos apetezca en cada momento, porque no todo es blanco o negro. Y ser gris, aceptémoslo, es la forma de poder conocer todos los colores de la vida.

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