¿Cuál es la verdadera situación de Cuba?

No miento si digo, tras pasar un mes recorriendo esta paradisíaca isla, que los cubanos son las personas más positivas que he conocido en mi vida. Salsa, son, reggaeton, la música corre por sus venas. Un habano en la boca y un ron en la mano. Sentados frente a la puerta de casa viendo la vida pasar. Como nos dijo un chico de Trinidad, “La diferencia entre nosotros es que ustedes se estresan demasiado y luego viven lo que puedan, los cubanos vivimos y luego nos preocupamos.” Cuba es color, es música, son bosques de palmeras, ciudades coloniales, coches sacados de una máquina del tiempo, es arena blanca y aguas turquesas, es alegría de vivir, aire fresco, mojitos frente al mar, café recién molido y tabaco puro. Pero es también lágrimas negras, corazones ansiosos de libertad real, ganas de salir.

cubalahabana

¿Cómo viven realmente los cubanos? Durante mi viaje me he encontrado con decenas de personas maravillosas que me han hecho acercarme más a su cultura y conocer más sobre su forma de vida. Me han abierto las puertas de su casa y me han hecho comprender una vez más, que lo material no da la felicidad. Que hay cosas mucho más importantes en la vida. La familia, los amigos, disfrutar de la vida, que son dos días. Sin emabrgo, bajo esta filosofía de “carpe diem” permanente, afloran imperdonables carencias a las que los cubanos deben sobrevivir día a día.

En Cuba es habitual encontrarte con graffitis, murales o monumentos dedicados a la revolución. Para ellos, la época dorada del país, la liberación del yugo del capitalismo y de EEUU, de su propia dictadura, sigue siendo motivo de celebración y alabanza. No es para menos. Orgullosos, resistieron como pudieron a la caída de la URSS, solos ante un mundo dirigido por el imperio yanki. El poder para el pueblo. Somos el 99%, se puede ver asiduamente en los medios de comunicación. Cuanto menos, resulta irónico. Sin embargo el pueblo se moría de hambre, y aun hoy en día, siguen existiendo las cartillas de racionamiento.

cartilla de racionamiento comida cuba

La falta de productos, la lucha diaria de los cubanos

Encontrar cualquier cosa en Cuba es una odisea. Las pocas tiendas que hay (pertenecientes al estado) tienen la mayoría de sus estanterías vacías. En otras, sólo puedes encontrar pasta, salsa de tomate, y con mucha mucha suerte, pollo congelado. Eso sí, las bebidas alcohólicas ocupan más de dos y tres pasillos.

Uno de los días, concretamente en Varadero, estábamos en busca de algo de café y leche para desayunar en el apartamento. Al parecer el cargamento de aceite llegaba ese día y en cuestión de diez minutos había una cola de más de 50 personas en la puerta. Nadie podía acceder al interior. Tras 2 horas de “Inventario” (en que los empleados se dedicaban más bien a charlar entre ellos que a trabajar), abrieron las puertas, sólo para dejar entrar a grupos de cinco personas cada vez. La cola iba en aumento según pasaban las horas, y hacia las 7 de la tarde, en nuestra vuelta a casa decidimos pasarnos por la tienda a ver si ya era posible acceder para aquellos que no queríamos comprar aceite.

Sorpresa esperada cuando vemos que, de nuevo, el cartelito de “Inventario” volvía a estar en la puerta. Tienda cerrada dos horas antes del horario estipulado. El aceite se había terminado y la gente, resignada, se volvía a sus casas. Los más avispados habían comprado suficiente aceite para luego revenderlo a sus vecinos y sacarse un dinero extra. El contrabando de productos es algo tan habitual y necesario, que una gran parte de la población sobrevive gracias a ello. Ese día fue el aceite, al día siguiente fueron los huevos. La harina quizá llegue la semana que viene. Y en esa espera constante, en interminables colas y falta de abastecimiento, transcurre el día a día en esta isla del caribe.

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El gobierno es el dueño de todo

Puede que esto os resulte increíble, o quizá ya erais familiares con este hecho, pero para mí fue algo bastante sorprendente. Los cubanos, entre otras prohibiciones absurdas que darían para un artículo en sí mismo, tienen prohibido matar a sus vacas. Y cuando digo prohibido, quiero decir que pueden afrontar penas de cárcel de por vida. La carne de ternera es un lujo tan valioso para el gobierno cubano que el pueblo no es digno de él. Se vende a hoteles o restaurantes donde sólo los turistas pueden disfrutarlo. El ganadero puede extraer la leche para su propio consumo o venderla, pero nunca matar al animal para aprovechar su carne. Como en otros aspectos de la vida, el cubano sabe buscar la vía alternativa, y contaban, entre risas, que no era raro que los trenes atropellaran “accidentalmente” a las vacas.

Para entender cómo funciona este país es necesario interiorizar el concepto de que “el gobierno es dueño de todo“. El gobierno decide qué, dónde y cuándo se comercializa. El gobierno decide qué tipo de cultivo se puede sembrar en los campos. El gobierno es el único que puede tener barcos pesqueros (los cubanos sólo pueden pescar con caña y para consumo propio), pues los peces del mar, como todo lo demás, pertenece al estado. Nos contaba un taxista (anteriormente ingeniero de aviación), que el estado obligaba a mantener el nivel de producción de azúcar tan alto en la actualidad como en los años en que intercambiaba éste bien con la URSS por otro tipo de productos. Miles y miles de hectáreas que, a palabras suyas, podrían ser aprovechados para otros cultivos mucho más necesarios como patatas o trigo, cuya dificultad para ser adquiridos en Cuba podría en ocasiones compararse al oro.

¿Por qué un terreno tan fértil, en un clima idóneo para el cultivo de diferentes productos no es explotado para abastecer mejor a una población con tantas carencias alimentarias? Mi percepción tras este mes en la isla es simple: la abundancia es dinero, el dinero es poder, y contradiciendo su propio principio fundamental, no quieren por nada del mundo que el pueblo tenga el poder. Además, la industria hotelera genera más beneficios. Para unos, claro.

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¿Ha mejorado el turismo la vida de los cubanos?

Sin duda la apertura de Cuba al turismo fue un soplo de aire fresco para el país y sus gentes, no sólo a nivel económico, sino social y culturalmente. Sin embargo con el paso del tiempo, y gracias a la doble moneda ( la moneda nacional por un lado, y el CUC, para turistas. 1CUC=25pesos), los precios de muchos productos se vieron notablemente encarecidos. Mientras tanto, los sueldos se habían mantenido prácticamente iguales desde la época de la revolución. ¿Cómo puede salir adelante un país cuyos mejores cirujanos cobran 50CUC (prácticamente el mismo valor en euros) al mes? Donde comprarse unos zapatos nuevos supone trabajar dos meses enteros? Donde dejar la casa familiar es totalmente imposible para cualquier trabajador medio? Durante toda mi estancia escuché historias similares. Profesores que dejaron su trabajo porque sólo cobraban 25CUC al mes y debían pagar ellos mismos material para la clase, porque el estado no les proporcionaba más lápices. Médicos que no cuentan con material clinico básico como guantes o mascarillas para tratar a sus pacientes. Policías que deben comprarse su propio uniforme cobrando 25CUC al mes. A los cubanos les gusta presumir de que tienen la mejor educación, sanidad y seguridad del mundo. No voy a negarlo. Un tratamiento para cualquier enfermedad está totalmente cubierto por el estado, el seguimiento a mujeres embarazadas puede ser de los más concienzudos y extenuosos, el índice de criminalidad es prácticamente inexistente y la educación superior es totalmente gratuita y de gran calidad. ¿Pero es eso suficiente?

La entrada del turismo proporcionó una nueva fuente de ingresos para aquellos cubanos que decidieron plantarse ante su situación y hacer algo por cambiarla. Muchos, muchos de estos profesionales cualificados dejaron sus trabajos por el bajo sueldo que percibían y se lanzaron hacia lo que es el verdadero negocio hoy en día en Cuba: taxis y casas de alquiler. No es raro encontrarse, en cualquiera de las ciudades más turísticas como Varadero, Habana o Trinidad, calles enteras con anuncios de habitaciones de alquiler. Es la forma, no sólo más económica, sino más atractiva para conocer Cuba desde dentro. La hospitalidad de los cubanos no tiene límites y la oportunidad de sentarte a charlar con ellos y conocer cómo viven y escuchar sus historias, creedme, no tiene precio.

Sin embargo, hasta en ello saca tajada el gobierno. El 20% de las ganancias por la renta de la habitación van al estado, y cuidado con querer esquivarlo, pues de nuevo la pena de cárcel es bastante dura. Los anfitriones deben registrar la visita de cada uno de los turistas, y son responsables de cualquier daño que les pueda ocurrir durante su estancia en la casa. Incluso si no alquilan la habitación deben seguir pagando una cuota al estado.

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Cierto es que el país va abriéndose poco a poco. Con una sonrisa siempre en su cara, contaban cómo el miedo a hablar sobre su situación queda ya en las generaciones más ancianas. Como decía Luis, nuestro taxista “cuando la generación de mi mamá muera, el país podrá empezar a cambiar. Ya no existe el miedo a hablar.” Cuando el país decida unirse y levantarse quizá puedan empezar a respirar verdadera libertad. Tras escuchar muchos puntos de vista e historias diferentes, llego a una conclusión: el conformismo a estar sometidos predomina entre la gente. No es que vivan engañados, están atados de pies y manos. Están abiertos y deseosos de un cambio, pero las condiciones en las que viven tienen minada la moral. Tampoco hay demasiado que puedan hacer ante un bloqueo que los atosiga y un gobierno que parece pretender que su gente viva bajo mínimos constantemente. La sensación de dejadez perduró durante todo el viaje, como ese mal sabor de boca que llega hasta la garganta, cargándote de frustración. ¿Por qué un país tan fascinante no puede salir adelante y explotar todo el potencial que tiene para mejorar la vida de sus ciudadanos? 

La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ellaErnesto Che Guevara

 

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